Desde cuando dudamos?
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Nos preguntamos, ¿desde cuándo dudamos? Dudamos desde que percibimos. Y percibimos desde que pensamos; pensamos desde que conocemos, conocemos desde que recordamos y modulamos lo percibido.
Los estímulos visuales, auditivos, táctiles, gustativos y olfativos se transforman en compuestos químicos, en moléculas que ocupan minúsculos espacios, organizadas según su orden de llegada y con enlaces proporcionales a la intensidad con que se perciben. Estos espacios, a veces erróneamente llamados fotogramas, resaltan lo visual en imágenes, sin considerarlos puntos y píxeles.
Componentes como emisores, receptores, potencial de membranas, fibrillas, fascículos, terminaciones nerviosas, sinapsis, cisternas, líquido cefalorraquídeo, corteza, materia gris y glías sirven de estructuras de soporte para lo que percibimos.
Las moléculas tridimensionales se acoplan a receptores que consumen energía metabólicamente utilizable. Esta energía no se pierde por entropía y ayuda a conservar un orden molecular que, según sus enlaces, puede interpretarse en términos superficiales y profundos. En un lenguaje menos técnico, podríamos asociar sentimiento con sentir y conocimiento, sufrimiento con sufrir y conocimiento, arrepentimiento con arrepentir y conocimiento, y así sucesivamente con otros términos como tratamiento, enamoramiento, enriquecimiento, empobrecimiento, entre otros.